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Una nueva concepción del entrenamiento surgió en Japón hace ya una década bajo el nombre de “Kaatsu”, aunque aquí en occidente es más conocido como entrenamiento oclusivo (“occlusive training”) o entrenamiento con restricción del flujo sanguíneo (“blood flow restricted training”). Este reciente sistema de entrenamiento consiste en ajustar un manguito neumático (esfigmomanómetro) a la parte proximal del músculo entrenado, con una presión aproximada de entre 100-200 mmHg. La maniobra es idéntica a la que se emplea en el ambiente clínico para la realización de venopunción habitual.

Además de la presión, hay que tener en cuenta la anchura, el perímetro de la extremidad o la composición corporal del individuo. Otra posibilidad es emplear el material oficial que ofrece el sistema KAATSU, la marca registrada más reconocida hasta la fecha. Sin embargo, el coste no es accesible para la población popular. En la página web oficial del KAATSU (www.kaatsu-global.com) el precio para hacerse con una serie de manguitos homologados oscila entre los mil y los cinco mil euros. De todas formas, estudios como el de Loenneke & Pujol (2009) han demostrado que el uso de cinchas o manguitos de venta en farmacias ayudan a conseguir unos resultados muy equiparables a los conseguidos con el sistema KAATSU.

La principal característica del entrenamiento en oclusión es que favorece la reducción de volumen e intensidad necesarios (20-50% de 1RM)  para provocar una mejora sustancial en la hipertrofia y función  muscular, en comparación con un entrenamiento de alta intensidad (80% de 1RM) (4). El principal objetivo del entrenamiento bajo restricción del flujo sanguíneo es provocar la oclusión total del retorno venoso (Imagen 2), dejando una menor presión en la circulación arterial (5).

Cabe añadir que, a pesar de que el entrenamiento se realiza de manera local y se ha de limitar al uso exclusivo en extremidades, se ha demostrado una especie de “efecto-contagio” a otras zonas musculares proximales (7). Existe evidencia de ganancias de fuerza, sin afectar al área de sección transversal del músculo, en la extremidad contralateral, sin haber sido ésta expuesta a la oclusión (7).

Aunque la mejoría en cuanto a hipertrofia y fuerza muscular bajo los efectos del entrenamiento en oclusión ha quedado ya reflejada en gran cantidad de estudios, se ha de señalar que tan solo unos pocos hacen referencia a mejoras en potencia y resistencia. De hecho, la pérdida de potencia y cantidad de músculo esquelético (sarcopenia) va muy ligada a la deficiencia en movilidad y habilidad para realizar las tareas más cotidianas, conforme el ser humano va poco a poco envejeciendo (8). Mikesky y colaboradores, obtuvieron magníficos resultados en personas mayores que se sometieron a un programa de ganancia de fuerza a domicilio, empleando únicamente unas bandas elásticas, mucho más manejables y sencillas de utilizar que las máquinas convencionales de la mayoría de cadenas de gimnasios (9). Además, el entrenamiento en oclusión parece ser muy efectivo como alternativa segura a un entrenamiento a altas intensidades, que tiene un riesgo elevado de lesión o sobreentrenamiento (10). Es por esto, que el entrenamiento en oclusión está abriendo las puertas a una nueva dimensión tanto a personas físicamente activas, deportistas de élite, personas en rehabilitación, como en el trabajo diario o a personas discapacitadas o ancianas que les cueste valerse por sí mismas (10).

Para entender más a fondo la efectividad de este novedoso sistema de entrenamiento, varios autores han propuesto tres teorías básicas:

  1. La tumefacción celular puede ocurrir a través de una acumulación de sangre, una acumulación de metabolitos y una hiperemia reactiva. La tumefacción celular ocurre para activar un sensor de volumen intrínseco, que puede conducir a la estimulación de diversas vías anabólicas de señalización (11)
  2. Suga et al. (2010) demostraron también que el entrenamiento en oclusión incrementa el estrés metabólico, lo que conduce a un mayor aumento de los niveles de epinefrina y norepinefrina (12).
  3. Por último, la acumulación de metabolitos anteriormente mencionada, puede incrementar el reclutamiento de un mayor componente de fibras tipo II por la inhibición de unas pequeñas motoneuronas alfa, que serían las encargadas de suministrar las fibras tipo I (6).

Llegados a una idea más general, clara y concisa sobre esta nueva concepción de entrenamiento, queda por despejar las dudas que hayan podido surgir sobre todo a raíz de posibles respuestas cardiovasculares adversas, formación y liberación de coágulos, y daños nerviosos y musculares (13). A la hora de realizar un ejercicio tradicional de alta intensidad podemos llegar a inducir una respuesta cardiovascular central muy elevada, ya que según un estudio se han llegado a registrar incrementos de la presión arterial sistólica (PAS) y la presión arterial diastólica (PAD) alcanzando los 480/350 mmHg, con niveles de frecuencia cardíaca de hasta 170 pulsaciones por minuto (ppm) (14). En cambio, durante una sesión de entrenamiento en isquemia de extensión bilateral de rodilla, con un 20% de 1 RM, los valores máximos registrados para estas variables han sido de 182/105 mmHg para la presión arterial y 109 ppm (7). En cuanto al daño muscular o nervioso, no se ha demostrado que se produzcan daños a nivel muscular o nervioso, medido a través de una escala visual analógica (6). Tan solo se han registrado casos aislados de síncopes respiratorios al inicio de la prueba e incluso antes de comenzarla. Esto puede ser debido a la oclusión parcial a la que se someten las dos extremidades y al bloqueo total del retorno venoso, resultando en una falta de oxigenación del resto del cuerpo (15).

Un modelo de entrenamiento que llama la atención debido al cambio tan brusco en comparación con las vías de entrenamiento anteriormente citadas. El entrenamiento de oclusión se realiza usando una banda neumática alrededor de la porción proximal del miembro que se está ejercitando sin causar en ningún momento dolor al atleta (6). La presión ejercida por la banda neumática restringe el retorno venoso y reduce el flujo arterial alterando la hemodinámica central y periférica (7) e incrementando el estrés metabólico durante el ejercicio (12). Dicho así, suena impactante y deja muchas dudas a la hora de realizar un entrenamiento con estas características. Quizá una de las mayores dudas que se le pueda presentar a la persona que quiera entrenar mediante un sistema como este, sea el riesgo en cuanto a la salud se refiere que pueda provocar el entrenamiento oclusivo, tanto a corto como a largo plazo. Otro motivo podría ser la ignorancia a cerca de la posibilidad de entrenar grupos musculares como el pecho o la espalda con este método. Se ha demostrado que, por ejemplo, realizar un entrenamiento mediante oclusión en la máquina de extensión de rodilla, provoca pequeños cambios en la rigidez arterial periférica y ninguno tanto a nivel de compromiso del retorno venoso como a nivel del flujo sanguíneo en el gemelo (16). Tampoco hay cambios significativos en cuanto al ritmo cardíaco ni al pulso arterial, salvando pequeñas variaciones en el diámetro del perímetro arterial antes mencionado.

Es por tanto un sistema de entrenamiento contrastado y sin riesgos que se está introduciendo en el mundo del fitness y el entrenamiento en general, que rompe con todo lo practicado hasta el momento y que puede traer grandes beneficios cardiovasculares tanto a personas jóvenes como a personas adultas (2). Se ha comprobado que el entrenamiento de resistencia con cargas bajas mediante una restricción del flujo sanguíneo produce grandes mejoras en cuanto al tamaño muscular (hipertrofia sarcoplásmica) y a la fuerza (17). Pero no hay tanto consenso en si este tipo de entrenamiento provoca mejoras en las otras dos características fundamentales del entrenamiento como son la potencia y la resistencia. Hay estudios que sí parecen documentar mejoras en cuanto a la potencia en personas jóvenes (18), pero escasean los resultados en cuanto a personas de edad media y adultos.

BIBLIOGRAFÍA

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